
Hay una señorita que trabaja en una financiera que se ha empeñado en que me llamo Germán y en que le debo no sé cuántas mensualidades de un crédito de 24.000 euros. Le digo que no me llamo Germán y que no me suelo relacionar con usureros (esto último no lo pilló), pero ahí que sigue ella, erre que erre, cada dos días, llamándome Germán y pidiéndome que le solucione el asunto.
Hasta que el viernes volvió a llamar y me pilló atendiendo a un ciudadano. Reconozco el teléfono de la inefable señorita y le cuelgo. Al poco, recibo un SMS:
“Señor Germán, póngase en contacto con nosotros para resolver esta incidencia de manera urgente. COLGAR EL TELÉFONO NO HARÁ DESAPARECER LAS DEUDAS”.
No me digas.
Hum… Pues fíjate, yo pensaba que sí:
César Alierta, absuelto por el caso Tabacalera. Tras siete años de tramitación judicial (Siete!!)la justicia absuelve al presidente de Telefónica y a su sobrino.

Me vi inmerso en una inmensa preocupación. Como dice la Canción de Extremoduro, me pongo a pensar…
Soy funcionario. Mi mujer cobró el cheque bebé. Mis padres son pensionistas. De manera que a ver si la chica de la financiera tiene razón, e igual sí que me toca a mí pagarle la letra a Germán. Que el pobre hombre ha vivido a tutiplén durante los últimos años, y qué va a ser eso de que ahora tenga que estar respondiendo de sus deudas, pobre. Nada más lejos de mi ánimo que turbar el espíritu de un honrado moroso.
Oscar Wilde escribió que las deudas sólo preocupan a quienes tienen intención de pagarlas. Y hay un dicho tibetano que afirma que si un problema no tiene solución, para qué te vas a preocupar. Supongo que eso es lo que pensará Germán, paseándose por ahí con sus 24.000 euros…
De manera que, bueno, la próxima vez que la esforzada señorita me llame, hablaré con ella, y a ver cómo podemos hacer para pagarle la deuda al pobre Germán. Con un 5 por ciento de mi sueldazo, por ejemplo. Pero eso sí, la próxima vez que concedan un préstamo, hagan el favor de indagar en los datos de a quien sea que se lo vayan a conceder.
Como el número de teléfono, por ejemplo….
“no me importa ser el hombre más listo del mundo. Sólo desearía no serlo de éste”
Adrian Veidt, Ozymandias, en una entrevista concedida a la revista new frontiersman