30 Grados al Este de Andrómeda

escrito con cariño por SlowBurn

Se me ha descargao en el Dropbox (decía antes de intentar editar el posteo y cargarme esta parte) una carpeta llena de cosas presentes y pasadas de la mano de mi amigo Ozymandias.(Este cabrón siempre me lleva las manos a las teclas.)

Pinché sin ver demasiado y salió “La Brisa Estival” una canción preciosa. A mí me lo pareció en su momento y me lo sigue pareciendo. Lo malo de estas cosas es que la música como la brisa trae a la mente recuerdos y también preguntas de difícil o imposible respuesta… En qué momento dejamos de querernos; cómo he llegado a ser lo que soy; por qué está sucediendo tódo esto…. Y todas las que el lector quiera añadir, dignas, por supuesto, de ser contestadas por cualquier libro de “autoayuda” que se precie… Pero un inglesito que me dejó Er en otra carpeta me dice “Please don´t go”… Bueno no sé si será inglesito pero el andova canta en inglés. Yo de todas maneras, tozudo, voy… Una y otra vez. Quizás porque las cosas son como son y punto, no tienen más vuelta de hoja. Llegará un momento en que uno deja caer los brazos a pesar de haber intentado  hacerlo lo mejor que sabía y podia… ¡Jé! “¡No es ná eso!” que diría el Rafa detrás de su barra de bar, harto de güisky y de farlopa y harto de aguantar a una mora que se casó con él por los papeles y luego, claro, no lo soportaba… Aunque de eso hace mucho. Como de las cosas que me manda Ozy. Y sin embargo parece que hubieran ocurrido ayer.

Qué relativo es todo. Hasta el morirse. Llevo un año muriéndome (y lo que te rondaré morena) de manos de ESA Muerte. La que te lo va robando todo como un sirlero taimado y truhán que luego es hasta capaz de invitarte a un café en el bar de la esquina el  hijoputa. Se está llevando familiares, seres queridos, mi Romo y personas que eran referentes para mí. Que siiiii, que ya lo sé, que eso “forma parte de la vida,” pues claro, no te jode.

Pero me gustaría saber en qué momento empezó todo. Si pudiera haberme dado cuenta… Si quizás fue en aquél comienzo del verano, cuando la brisa estival meció una hoja seca que cayó en el capó del coche que ya no tengo mientras sacaba de él a mi perro y metros mas allá el pobre animal al lanzarse a correr entusiasmado al ver el campo abierto lanzó un aullido de dolor y se encogió mirándome con aquellos ojos que se te clavaban en el alma; aquella mirada  dolida y dulce que te decía: “¿por qué me duele amito?”… “Eso es una displasia de cadera, eso  es que ya está cumpliendo años…” Eso era un emangiosarcoma de bazo que 3 años después lo llevaría al sacrificio, aunque, claro, visto con perspectiva quizás en el dolor está la medicina y mejor no haberse enterado entonces, aunque para mí tengo que mi Veterinario lo sabía, pero también sabía lo que yo quería a Romo y prefirió esperar a verlas venir…Dicho sea en honor de quién con tanto cariño lo trató todos estos años; pero eso ya entra dentro del “hubiera, pudiera que fuera…” y no tiene ya demasiado sentido. Como casi nada.

El aullido de las guitarras, y su recuerdo. Una mañana de julio mecido por el dolor lo llevé a dormirlo. Se había hinchado como un globo. El tumor había dado la cara. “Nadie tiene la culpa de un tumor”. Me dijo la noche antes el Veterinario de urgencias mientras yo lloraba a mares escondido en un rincón de la sala de radiografías del hospital canino. Dos viales de buprenorfina para que no le doliera y esperé al día siguiente para llevarlo a su Veterinario de toda la vida para que todo acabara. Pero, como no podía ser de otra forma, en ese instante el doctor  se había tomado 10 dias de vacaciones. Volví a llamar al hospital para pedir cita para llevarlo el dia siguiente.

A las 9 sonó el despertador. No me demoré. Salté del sofá al lado del que él siempre dormía junto a mí  y cogí sus parcas pertenencias, su correa y su collarcito y solo le dije: “¡Vamos Romo!” Mientras él se alegraba como siempre, siempre, una vez más, a pesar de llevarlo a la muerte. Lo que le quedaba solo eran 3 méses como mucho de quimioterapia y sufrimiento… Para terminar en el mismo resultado. No me lo pensé mucho.

En el coche, con las ventanas abiertas  para que pudiera oler todo lo que quisiera en medio de aquella brisa estival, tórrida, pesada, fantasmal, envueltos por una de esas calimas de verano que no terminan de levantar y que se te pegan a la piel como un sudario, llegamos al hospital veterinario. En la puerta, infalible como una encíclica papal, mi amiga Rocío… Lo demás… Me lo quedo para mí.

A la semana me entregaron sus cenizas. Las tuve en casa hasta que pasó el verano tan violento entre calores, muertes y radioquimioterapias de mi madre y mi hermano. A Romo no le gustaba mucho el verano. Hasta en eso nos parecíamos. Así que quise esperar a que lloviera para poder esparcir sus cenizas. Y así lo hice. Con las primeras lluvias, en los sitios que a él tanto le gustaban por donde tanto paseamos, tanto compartimos, tanto me hizo sentir, distraerme, reir, darme cuenta de lo que es la vida y un SER VIVO y aprender a valorarlo aunque yo no me quisiera una mierda;  aunque por él hoy me quiero  siquiera un poco.

Todos esos sitios estan 30 Grados al Este de Andrómeda. Allí miro algunas noches en medio del frío o del miedo y le veo correr entre las estrellas de la constelación. Libre al fin de la estupidez humana, puro, limpio, sin tener que estar llevado y traido por la inquina y la mezquindad de los humanos… Libre, 30 Grados al Este de Andrómeda; en el mar, 30 Grados al Este de Andrómeda; feliz por siempre, 30 Grados al Este de Andrómeda.

¿Cuándo comenzó todo?¿ 30 Grados al Este de Andrómeda? O más allá… ¿En qué puto momento se cruzaron los vectores de mierda? ¿Álguien me lo puede decir? ¿Latitud? ¿Longitud? ¿Tiempo?..

Tan intuitivo yo y no me dí cuenta aquella mañana de comienzos de verano cómo la brisa estival mecía las hierbas y las copas de los árboles arrancando de ellos una hoja seca que fué a caer en el capó de mi coche y seguí paseando con Romo… 30 Grados al Este de Andrómeda. Quizás aún me quedé allí.

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5 comentarios para “30 Grados al Este de Andrómeda”

  1. Tweetytuo Tweetytuo dice:

    Supongo que este homenaje a un AMIGO lo necesitabas expresar mediante líneas escritas. Seguro que los sentimientos se amontonaban en la cabecita chocando con las paredes y pidiendo respirar.
    Todos los que hemos compartido tiempo de nuestra vida con un perro… animal, por otra parte, mucho más humano que los propios humanos… hemos terminado queriéndolo con locura. Por eso supongo también, que cada uno le habrá puesto a la historia sus nombres, razas y enfermedades adecuadas para convertirla en una vivencia propia.
    Si te lo dan todo sin pedir nada a cambio… sólo se les puede querer. A los humanos sería de locos pedirle lo mismo, pero si consiguiéramos ser la mitad de nobles, desprendidos y fieles de lo que son ellos… otro gallo nos cantaría.
    Grande Romo. El Dios de los perros lo tenga en su gloria (como a tantos otros/otras)

  2. SlowBurn SlowBurn dice:

    No puedo citar tu cometario. Tendría que copiarlo entero aquí y esas cosas quedan feas, hombre…
    Paz en mi corazón cuando noto que el alma de un amigo me entiende y me siente y además es humano. El me lo dió todo. Hasta el último instante, enfermo a más no poder, siguió guardando la casa en los momentos en que la enfermedad lo liberaba un poco de su agónico cerco. La última vez que lo saqué al campito de al lado de casa para que hiciera pipí (no podía levantar la patita ni apenas moverse ya) todavía buscó un palo entre la maleza y me lo trajo con paso débil, sus ojos dulces y fieles, moviendo lentamente el rabo, para que se lo tirara… Así se lo hice. Luego me miró y le dije “muy bien, machote, ¡ya está!” Me lamió la mano y cogió camino a casa. Y en un momento, la noche antes de su muerte, nos quedamos mirando… Y te juro que pude sentir que con la mirada de aquellos ojos  tan puros y nobles aquél Ser me decía: “Me duele mucho dejarte solo, pero ahora es necesario que sea así…” Todo lo dió sin pedir nada, siempre esperando un gesto, una caricia, una sonrisa pero sin pedir nada. Si venía, bien. Sino, a mi lado también. Siempre conforme, protector, fiel y entregado. Ya quisiera yo tener un ápice de lo que él me dió. ¡Qué lección tan hermosa! Tanto como se habla de ese “amor incondiconal” y es un humilde perro el que te lo da a manos llenas.
    Hasta para morirse fue bueno.. ¿Qué más te puedo decir? Solo refrendar una y mil veces lo que has escrito y repetir tu hermosa plegaria:
    Grande Romo. Que el Dios de los Perros te tenga en su gloria a tí y a todos y todas tus hermanos y hermanas, almas puras y limpias.

  3. ozymandias ozymandias dice:

    Bueno, qué te parece. Me alegro de saber que mis canciones pueden llegar a inspirar textos tan bellos y estremecedores como éste, es un verdadero honor.
    Es lo malo de los perros, gatos y demás animales de compañía (aunque usar esa denominación es simplificar demasiado), que si nuestras vidas son breves, las de ellos son apenas destellos en la noche de los tiempos, qué injusto… En el cielo de los perros, junto al cementerio de los elefantes….

  4. SlowBurn SlowBurn dice:

    Bueno, qué te parece. Me alegro de saber que mis canciones pueden llegar a inspirar textos tan bellos y estremecedores como éste, es un verdadero honor.
    Y más cosas.  Esa es la verdadera fama. Supongo. No tan flamante como la “otra” pero tal vez más rica.
    Por aquí alguien dice que las canciones de Jose siempre despiertan en él sentimientos fuertes de melancolía y tristeza, trayendole recuerdos… Le gustan, pero le pone un nudo en la boca del estómago,  como congoja… Le transmiten a la vez de calma, tristeza una especie de extraña dicotomía. Y melancolía por encima de todo.
    Ahí te dejo esa opinión, no sabe porqué, quien siente esto dice que lo siente con todas tus canciones no es porque sea “La Brisa Estival” en concreto… Sino que le pasa con todas ellas.
    Extraña mezcla de sentimientos, ¿no?

  5. ozymandias ozymandias dice:

    Extraña mezcla de sentimientos, ¿no?

    No sé, no sabría decirte. Recuerdo el caso de aquélla chica que tuvo que quitar “a este lado de la metáfora” a la altura del octavo tema porque le producía agobio….Si no otra cosa, intento que mi música sea muy emocional, a veces para bien y otras para mal, depende del oyente, como conectes con según qué sentimientos, la empatía, ya se sabe, es tu enemiga.. Aquella chica casi me pidió disculpas por no escucharlo entero, como si fuera algo malo…Pero a mí me reconforta saber que puedo llegar a provocar alguna respuesta en el oyente, lo preocupante es la indiferencia.
    Lo del nudo en el estómago, espero que no sea un nudo gordo; al menos, que no sea gordiano, como el mío…

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