En agosto de 1966, en San Francisco, los Beatles ofrecieron su último concierto en directo. Hartos de la histeria incontrolada de los fans, del mal sonido, de todo el ajetreo que conllevaba ser un Beatle en aquellos días…
Líbreme Diso de compararme con tamaños monstruos. Pero me identifico con esa frustrante sensación que les acompañó hasta decir basta a los conciertos….
Todo esto viene a colación después de leer en el estupendo blog Bamax que Velez Málaga se ha quedado sin grupo que les represente en el Málaga Young Festival. De entre todo lo que ahí puede leerse, es Javi de Smoking Victims el que pone el dedo en la llaga cuando escribe: “esto es lo que pasa cuando lo único que se quiere es tocar en directo”. Sí, los grupos se pegan entre ellos (figuradamente) por dar un concierto. Falsean votos por internet, … Lo que sea.
Los grupos se obsesionan (nos obsesionamos) con tocar en directo. Tocas donde sea, en bares, fiestas, certámenes, en medio de la calle…. Se toca por poco dinero, gratis, a cambio de copas, por hacer un favor, … ¿Por diversión? No sé, dímelo tú.
Yo antes era uno de esos. De los que hubieran vendido a su padre a cambio de un concierto. He tocado en toda clase de sitios, muchos de los que he mencionado antes. Y en esas mismas condiciones.
¿Merece la pena? Pues verás… Mejor os cuento y vosotros sacais vuestras propias conclusiones.
Dar un concierto en directo, supone, en la mayoría de los casos, cargar con tu equipo de sonido, montarlo, irte al quinto pino, dejarte los cuernos intentando averiguar por qué el micro se acopla y el monitor no se escucha.
Tocas. El ochenta por ciento de la gente (si es que hay gente) ni te conoce, ni tiene interés por conocerte. Pasan por allí. El resto, son amigos, gente convencida, que, en el mejor de los casos, ya te ha visto tocar unas doscientas veces…. Quiero decir que la interconexión entre músico y público, la empatía, apenas existe. Está demostrado que la capacidad de atención del cerebro humano ante la música está entre los tres minutos y medio y los cuatro… Recurres a las versiones para mantener enganchado al personal, pero eso deja cierta sensación de vacío (“¿Qué puñetas hago yo aquí a las una de la mañana tocando una canción de Sting?”)… Total, que no sucede nada relevante. No le cambias la vida a nadie. Nadie se abalanza sobre ti en busca de que le firmes un autógrafo en la pantorrilla.
Entonces, ¿de qué sirve? Bueno, está la cuestión económica. Los Discos no se graban solos. Ni son gratis. De manera que tocas, vas sacando dinero, y, a nuestro ritmo, tal vez MESSINA PARK termine su quinto álbum para cuando las ranas críen pelo.
¿Quieres que la gente conozca el grupo? Pues te propongo algo: métete en Internet una noche, e invierte el tiempo que emplearías en dar un concierto en agregar amigos a myspace. El resultado puede ser sorprendente. Probablemente llegues al triple de gente que tocando en un bar…Haz lo mismo en tu caralibro y ya ni te cuento…(Los blogs son taaaan de 2005..)
Total. Que este domingo el grupo se va a reunir en un sótano,a mirar canciones nuevas y enseñar las antiguas a un nuevo guitarrista. Y. musicalmente hablando, no se me ocurre un lugar mejor donde estar.
Pero en cuanto podamos, saldremos a la calle de nuevo. La necesidad manda..
Sin posteos relacionados.

Ser músico en una ciudad que le da la espalda a la música (elecciones al margen), es como ser dibujante con tizas en una calle céntrica a mitad de semana (y en un febrero nublado): o haces tu arte para ti mismo, sabiendo lo poco que puede durar, o terminas dejándolo.
Málaga, igual que es una gran capital, es también un pueblo para cualquier músico que quiera llegar a algo. Si a eso le unes que eres músico de rock, o sea, nada de lolaileo ni pop-arrumberado, pues vas listo. Aun así se salvan algunos. Si a todo ello, resulta que haces rock americano… muérete tranquilo que NUNCA irás a ninguna parte.
Sin un circuito decente de salas, sin ayudas para ensayar, sin costumbre de ir a conciertos y por qué no decirlo (opinión mía y sólo mía), con pocos músicos con algo que decir realmente… ¿qué queremos?
Eso sí, al menos en vuestro caso: ¿bolos? Siempre.
Un estudio (real o de garaje) no deja ver con claridad si algo es bueno o no tanto, y las canciones necesitan ser aireadas. Quieras o no van a seguir saliendo de tu cabecita, igual que yo quiera o no quiera emboceto en cualquier papelillo que caiga en mis manoa. Es un vicio/privilegio del que estoy seguro que no te quejas, así que… mejor cazarlas cuando llegan y gozar con el proceso de montaje y sobre todo, y aunque sean pocos, deleitar a los presentes (atentos) mientras difrutas del directo. ‘Manque’ sólo sea por la pasta para grabar nuevas canciones.
Así de paso, a los que sí escuchamos vuestra música, nos dais nuestro regalito en forma de nuevas canciones.