JJ es uno de los personajes de la estupenda novela de Nick Hornby “A long way down” (Traducida al castellano como “En picado”). JJ es un músico de Rock frustrado (su banda, Big Yellow se separó tiempo atrás) que se gana la vida repartiendo Pizzas…En un momento de la historia, JJ acude a una fiesta donde se escucha música y piensa para sus adentros que le repugna la pose pretenciosa de los intelectualillos gafapastas, siempre pendientes de la estética, la tendencia, lo alternativo…
En conclusión apunta que a ninguna de esa gente le gusta la música en realidad, es sólo parte de su pose….
Curiosamente, es una teoría que llevo barruntando para mis adentros desde hace tiempo. Ves la movida esta indie, la operación triunfo, y tantas y tantas cosas, y llegas a la ineludible conclusión: A la gente no le gusta la música. Es lo que vengo a llamar, en honor a JJ, el Principio Big Yellow
¿Es cierto?. Bueno, hace poco me topé con algo que vino a reforzar un poco más mi teoría: En el Rock and Blog de El Mundo, su autor, Quico Alsedo, viene a decir que su noche favorita del Festival de Benicassim (cito) “fue aquella del 97 en que una gota fría hundió el escenario principal, el festival se fue a tomar por culo y una riada de muertos vivientes inundamos el pueblo con nuestros britcopazos y nuestras popganas de farra.”
O sea, que la noche favorita del señor Alsedo en el FIB fue aquella en la que se quedó sin escuchar música. Toda una declaración de intenciones. Y lo dice alguien que mantiene un Blog musical en uno de los periódicos de mayor tirada del país….Dice que jamás llegó a ver a Pavement, pero no parece que le suponga ningún trauma… Al fin y al cabo, había cerveza, sí.
Como era de esperar, el Post en cuestión se ha llenado de comentarios atacando al tal Alsedo. pero mi favorito es uno de los que lo defienden, con el argumento: “Todos sabemos que en los festivales la música es algo secundario”.. Según esa teoría, hay alguien que se dedica a moverse para llevar al FIB a lo más granado del Pop internacional… Sólo para que una pandilla de impresentables se dedique a “socializar” (entiéndase por socializar fumar porros, beber cerveza, defecar en la playa…y oir cancionesde fondo) porque la música es algo secundario…
Luego diremos que el Rock ha muerto. Que la Industria Musical se muere. Que cantar en Wochi Wochi es lo más de lo más…Claro que, desde esa perpspectiva, se entienden muchas cosas..
Así nos va, claro…
Sin posteos relacionados.
Lo queramos o no, nos ha tocado raspar el inicio de una época en la que prima la superficialidad por encima de cualquier cosa.
Todo es efímero y desfasado antes incluso de llegar al estómago. No es que a la gente no le guste la música, que tampoco les importa, sino que ya no hay tiempo para degustarla como lo hacíamos antaño en una sociedad acelerada sólo en el trabajo.
De eso no hace tanto tiempo, pero antes el ocio se respetaba como ocio que era. El mal llamado ocio actual es si me apuras incluso más estresante que la propia lucha diaria en el curro.
Por tanto, creo que es más un problema social que musical. Que se hace muy mala música actualmente, fijo, pero… ¿qué se puede esperar de una sociedad que idealiza a personas cuyo único valor es mezclar, con mejor o peor acierto, las músicas de otros? Entre amigos no se conocen a los músicos que crearon tal o cual canción, pero sí al DJ que mezcla esa melodía niguneada a ritmo frenético de regeeton o un ‘chumpa-pa-chum-pa’ con unos ‘pi-pipiiiiiiiiiis’ anodinos e insoportables.
Lo malo no es que exista, lo malo es que se ensalza. Y es que no hay peor endiosado que un mediocre.
Pero espera, espera. Hoy no estoy por la labor de salvar a nadie, porque sinceramente, barrunto que el ‘título’ de músico a estas alturas anda muy, pero que muy, sobrevalorado. Actualmente cualquiera que una tres acordes, canturrea encima de ellos y le incrusta con ínfimo gusto la primera letra sin sentido que le sale, ya dice ser músico.
El disco X tiene que estar para la fecha Y porque ahora eres un ‘alguien’ y mañana no. Volvemos a la prima: lo que prima es vender, no gustar con un trabajo creativo.
Hubo un tiempo, hace nada, en que la música se podía considerar arte. Ahora es comida basura lista para ser ingerida sin nisiquiera prestarle atención. Prueba de ello es que cada vez se venden menos ‘albumes’, sean de formato digital o tradicional y más canciones sueltas compradas como paquetes de gominolas antes de entrar al cine: todas en la misma bolsa.
Todos hemos tenido mentores musicales, y hemos agradecido y sufrido filias y fobias casi por igual, pero dentro de sus mentes manipuladoras y ególatras todavía se olfateba un poco de interés por enseñar, por ilustrar a ‘proyectos de persona’ ávidas de conocimiento (que no información). Ya sólo quedan rescoldos de aquellos críticos musicales, así que… realizado el inventario de los mimbres que nos quedan… se entienden muchas cosas, sí.
PD: La parrafada largada se hubiera resumido en un: Amén a lo escrito por ti