Unos llegan y otros se van….
La muerte de Antonio Vega deja entre nosotros un vacío enorme, y, lo que es peor, difícil de llenar. Y ello, por las razones menos obvias…
Se han escrito toda clase de hagiografías estos días. Se le ha llamado genio, autor maldito, chico triste, sensible… Otros, más honestos y sinceros, lo han retratado como lo que era: Un artista integral que eligió pasar su vida dedicado al Pop y a otras substancias… Pero ¿Qué es lo que ha hecho de Antonio Vega un artista tan grande? ¿Puede calificársele de genio creativo una vez revisada su obra? El catálogo de Antonio Vega apenas abarca cinco discos con Nacha Pop y otros tantos en solitario…en treinta años de carrera. ¿Son canciones como La chica de ayer, una décima de segundo, lucha de gigantes o el sitio de mi recreo las que han elevado a Antonio a lo alto de la jerarquía artística patria?
No. Creo que no. Hay algo más soterrado, más difícil de percibir, pero que ha calado en nosotros, en nuestro subconsciente colectivo de una manera indeleble y perenne. Y es que la obra de Antonio Vega es un libro de estilo, un manual de instrucciones acerca de cómo ha de escribirse una canción Pop en castellano. Ni demasiado honda, ni demasiado superficial. Ni cursi, ni pretenciosa. El equilibrio perfecto. Recordemos que antes de la llegada de grupos como Nacha Pop, apenas sí se escribían canciones en castellano en ese estilo. Manolo Tena abrió la puerta, y por ahí se colaron el propio Antonio y su primo Nacho García Vega. los hermanos Urquijo, Santiago Auserón, Roque Narvaja, Manolo García, Germán Coppini, El Loco, Diego Vasallo….Y nació eso que llamamos pop en español, en esos pocos años. Elemento fundamental en la vida cultural del siglo pasado, y que muchos grupos, por pereza, por no tener nada que decir o por pretenciosos, obvian de manera lamentable, empeñándose en cantarle en inglés a unos chavales de burgos o de Cortés de la frontera.
Antonio Vega es quizá el máximo exponente de ese libro de estilo. Su sensibilidad, su empatía, su fragilidad personal y artística contribuyeron decisivamente a levantar su mito. Fue de los que llegaron y dijeron: así se hace. Y muchos toamos nota y seguimos su ejemplo. Sin él, todos los que nos dedicamos a escribir canciones nos hemos quedado un poco huérfanos.
La noticia del fallecimiento de Don Alejandro Rodríguez Carrión me despierta como si de un guantazo se tratara. Catedrático de Derecho Internacional en la Facultad de Derecho de Málaga durante mis años universitarios, sus clases eran como un oasis en medio de tanta estupidez concentrada en unas pocas aulas, a las que acudían, día tras día, año tras año, una siniestra galería de ineptos, chulopiscinas, iluminados, trastornados y psicópatas disfrazados de profesores, y, lo que es peor, catedráticos universitarios. don Alejandro me salvó la carrera. Antes de él, había perdido la ilusión por la universidad. Con él, volví a encontrarla. Nos enseñó Derecho, historia contemporánea, e, incluso, algo que te fortalece por dentro y te hace un poquito mejor que los demás: Humanismo.
Aprobé a la primera, por cierto. Y me mantuvo en el fregado. Conservo su libro de texto, repleto de anotaciones, rasguños y señales de uso y abuso. Don Alejandro Rodríguez Carrión me enseñó cosas. Fui un poco más sabio gracias a él. No todos serán recordados por las mismas razones. Allá ellos.
Buen viaje, maestro.
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Nos vamos conociendo ya, sí. Sabía que no dejarías pasar la oportunidad de dedicarle unas líneas a, si me apuras, el primer mito musical de nuestras fronteras que realmente se fue cociendo a fuego lento en nuestras vidas.
Vivío, o mal vivió, en la misma línea de tiempo que nosotros, y aunque no siguiera su carrera con la desesperación de un fan, si es verdad que cada ‘single’ suyo (con o sin su primo) es un recuerdo, un sello, una marca, un ‘lunar de vejez’ en mis vivencias.
Suscribo todas y cada una de las palabras que has escrito sin ser, curiosamente, un gran defensor de su discografía.
No sé por qué, pero nunca ha terminado de engancharme como lo han hecho otros con menor mérito. En cambio, la admiración que profeso por Antonio Vega lo coloca entre ‘mis grandes’, supongo más por la autopista creativa que ha dejado a sus bastardos que por sus trabajos propios.
Nada más enterarme, me puse un breve en el TO-DO: ‘Escribir algo en el blog sobre Antonio Vega’. Tal como terminé de anotarla, sin saber tu opinión pensé, ‘se lo dejaré a Ozy, fijo que no lo deja pasar’. Así ha sido. Y me alegro doblemente: por acertar y por coincidir en la forma de pensar.
Como toque nostágico, el día me lo pasé escuchando todos sus discos y colaboraciones, cosa que no había hecho en mi vida. No sabes la cantidad de flashes y artistas que se me vinieron a la cabeza, canción a canción, que beben y vuelven a beber de su fuente inagotable de POP en castellano. Sí señor, un libro de estilo.