CRISTAL ESMERILADO

escrito con cariño por ozymandias

Joder, Doctor. Para ser psiquiatra, parece usted un poco lento. Cristal esmerilado. Ya sabe. rugoso. De color tirando a burdeos, un vaso de publicidad de una conocida marca de cola que… Ain. Coca Cola, ¿vale? Era de Coca Cooola.
El caso es que, visto ahora, no recuerdo cómo aquel vaso llegó a mi casa. Soy un hombre hogareño, Doctor. Me fijo en esos detalles. El caso es que un día abrí la alacena y, nada. Allí estaba. Con su diseño art deco, aparentemente inofensivo, destacando entre el resto de la vajilla, de sus semejantes.
Pensé que lo habría traído mi mujer. Que se lo habrían regalado a mi hija en algún restaurante, qué más daba. Allí lo dejé. Yo bebo siempre a morro en casa, sabe. Soy un zafio.
Y he aquí que el asunto se vuelve interesante.

Todo empezó una semana después. “papi, tráeme un vaso de agua”. Porque mi hija es muy fina. Jamás bebe de la botella.
Y el vaso saltó de la alcena como si tuviera vida propia. puede creerme, Doctor. Era como si tuviera un muelle incorporado. Saltó y se estrelló contra el fregadero en mil pedazos.
“¿Qué se ha rotoooo?” Preguntó mi mujer, entre irónica y resignada.
“nada, el dichoso vaso de publicidad”, respondí, mientras buscaba un trapo para recoger los cristales. Y, cosa rara, fue como si se hubiese roto en mil pedazos, y éstos se hubieran multiplicado a la vez por otros mil. Había cristalitos color cola por todas partes. me llevó un rato recogerlos. Un buen rato.
Al día siguiente, al volver del trabajo fui a la cocina a por el pan. Junto a la panera, descubrí un pedacito de cristal, del mismo color del vaso roto. Brillaba. O sea, brillaba como si me estuvira mirando. Me resultó muy raro. Había limpiado a conciencia, pero quién sabe. Lo cogí, y lo tiré al cubo de la basura.
Al día siguiente, mi coche patinó sobre una mancha de aceite y me empotré contra un algarrobo. ¿Alguna vez le ha saltado el airbag, Doctor? Sí, seguro, te salva la vida, pero te da un susto de muerte.
Me quedé sin coche. Siniestro total.
Al volver a casa, fui a tomarme un calmante. Bajo la alacena, había otro pedacito de cristal igualito al del día anterior. Si acaso, un poco más grande. me quedé un rato mirándolo. Una extraña duda recorrió mis tripas. Al final, lo tiré también a la basura.
Al día siguiente, fui al trabajo en autobús.
pero sólo para recoger mi carta de despido.
De regreso, adivine que encontré junto al servilletero (tenía lágrimas en los ojos, pero es que se me había metido, ya sabe, algo en el ojo); Pues eso mismo. otro cristalito.
Y entonces me di cuenta de que cada cristal era ligeramente mayor que el del día anterior.
Estaba tan enfadado, que lo lancé por la ventana, con todas mis fuerzas.
Al día siguiente, descubro que la empresa no había registrado mis contratos. No tenía desempleo.
Y ¿Qué había en el fregadero?
El martes, el banco me subió la hipoteca
Adivine qué.
El miércoles, mi mujer y mi hija se van a casa de su madre.
Aquella noche me quedé mirando el correspondiente cristalito hasta que me dormí en una silla de la cocina..
El jueves, un país invadió otro vecino.
Otro cristal.
El viernes, otro país avisó de que tenía LA BOMBA, y se declaraba amigo del país ocupado.
Cristal.
El sábado cada país comenzaba a ponerse de un lado u otro.
Cristal.
El domingo, el banco me avisó de que si dejaba de pagar otro plazo de la hipoteca, me quitarían la casa.
Tardé un poco más de la cuenta en encontrar el trozo correspondiente. pero estaba ahí mismo, en el suelo, junto al frigorífico. Era un trozo enorme, doctor. Brillaba como si quisiera decirme algo.
Y entonces pensé en Jesús.
Quiero decir que el mundo se iba al cuerno. Mi mundo, y el mundo en general. Y, con aquél cristal afilado ente mis manos, pensé que tal vez yo podría marcar la diferencia. Jesucristo se sacrificó por todos nosotros. Derramó su sangre por la humanidad. Sabe, yo nunca he sido un tipo religioso, no señor. Pero anoche, con aquello entre mis manos, siento que tuve una edi….efi…eli… Epifanía, sí, gracias Doctor. Una epifanía. Quién sabe. Los caminos del Señor son inexcrutables, et cetera…
Así que aquí estoy. No debieron hacerlo. No debieron salvarme. Debieron dejar que la hemorragia siguiera su curso. Debió haber visto con qué suavidad aquél cristalito atravesaba mi piel, mi carne, mis venas. Como si estuviésemos hechos el uno para el otro. Fácil e indoloro. Pero entonces alguien se chivó, llegaron los de la ambulancia y todo se fue al cuerno.
Pero quién sabe. tal vez, como a Abraham, Dios sólo me estaba poniendo a prueba. Que mi voluntad de sacrificio sería suficiente. Aunque yo siempre he pensado que el Dios del Antiguo Testamento no es el mismo tipo que el del Nuevo. Entre nosotros, el Antiguo estaba como una campana. Bueno, o tal vez se curó. A lo mejor fue al psiquiatra, ¿eh, Doctor? ¿Se lo imagina? Qué risa.
Así que, ya lo ve. No estoy loco. Sólo tengo una teoría, y la llevé hasta el final. O hasta donde me dejaron. Pero no he visto las noticias. así que no sé si ha servido de algo.
¿Qué me dice, Doc?
¿He salvado el mundo?

El ángel le dijo:

–No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo.

13 Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.[g]

14 Y llamó Abraham a aquel lugar «Jehová proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Jehová será provisto».

15 Llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,

16 y le dijo:

–Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo,

17 de cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar;[h] tu descendencia se adueñará de las puertas de sus enemigos.[i]

18 En tu simiente[j] serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

19 Regresó Abraham adonde estaban sus siervos, y juntos se levantaron y se fueron a Beerseba.[k] Y habitó Abraham en Beerseba.

Génesis 22

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