Bueno. Se acabó la que será recordada como la obra cumbre de esta edad de oro de las series de televisión que tenemos la fortuna de vivir. La última temporada de Los Soprano es un testimonio monumental de una serie implacable, sincera, honesta hasta decir basta…. Oh, y quien crea que Los Soprano es tan sólo una serie de mafiosos no puede estar más equivocado.
Ver hasta dónde puede llegar Tony Soprano es probar los límites de la naturaleza humana.. Padre de familia y Jefe Mafioso. líder y enfermo depresivo…. Todos podríamos ser Tony. Por ejemplo, el destino final del personaje de Christopher Moltisanti primero me heló la sangre. Luego apareció el gato sentado tomando el sol al lado de Paulie y me pareció….. Woah, precioso.
Internet echa humo debatiendo el final de la serie. ¿A mí? una vez reposado, reconozco que me ha encantado. Me ha emocionado, esa canción de Journey que suena al final (don't stop believing) ya ocupa un lugar especial en mi memoria. En cuanto al significado de su final ( y no, no voy a reventarlo aquí), yo, lo tengo claro. Habrá quien lo vea de otro modo, y también sería válido. Sólo diré que, en efecto, la vida sigue y sigue, como dice la canción.
Bellísimo final, sí.
Sólo en España echamos al seleccionador nacional de Ba-lon-ces-to dos meses antes de los Juegos Olímpicos. Y he aquí que sale el presidente de la FEB preguntando en plan retórico si pensamos que es imbécil. No me tientes, Pepe luis…