Ilustres meninges:
Me es muy doloroso contemplar, aunque por otra parte no me resulte extraño, cómo ninguno de los grandes aficionados al género del cine de psicópatas que sé que por aquí pululan, no se haya adentrado ni siquiera un poco en la cuestión de la desafortunada desfenestración con la que nos ha brindado la industria cinematográfica (una de tantas, todo sea dicho,) y a la par del séptimo arte la prostituida literatura (?) a caso inducida por aquél, de uno de los mitos y arquetipos del cine de psychokillers. Me refiero como es fácil colegir del título mismo del posteo, a mi querido y admirado Hannibal Lecter, Doctor en Medicina.
Y me refiero, más en concreto, a la nefásta, sórdida, cursi y pseudopsicótica novela del vendido Tomas Harris (tómese vendido en la acepción que cada cual guste pero la mía ya imaginan cuál es…) "Hannibal Raising" y su cuasiinmediata réplica cinematográfica titulada en español "Hannibal, El Comienzo," (si,vamos, como "La Matanza de Texas, El comienzo" que ahora al parecer todo son comienzos de finales y de finales patéticos y cutres.)
¿Tan falto de ideas se encuentra el género que todo lo que uno puede aspirar a leer o ver en la pantalla sean excusas destructivas de maravillosos éxitos anteriores con la única finalidad no confesada pero no por ello menos evidente de pretender recaudar dinero sin más? Y digo pretender porque dudo mucho que semejantes engendros alcancen siquiera la finalidad crematística que persiguen.
Claro es que de esas aguas vienen estos lodos y de esta dolorosa suerte un personaje de la talla cuasi arquetípica del Dr. Hannibal Lecter se vea reducida por la nefanda pluma de Harris (Dios y Lecter saben lo que me duele adjudicar semejante calificativo a la pluma de Tomas Harris que tan buenos momentos me ha deparado,) y el corolario de la patética producción del duo De Laurentis (que ya apuntaba maneras con la resolución final de Hannibal) en, digámoslo de una vez, la transformación o más bien mutación del mito en una especie de pastiche pseudofreudiano, erótico-amoroso-cardiovascular y, como no, familiar, (parafraseando al gran cómico sevillano, mi admirado José Da Rosa Villegas.) Porque esto resulta cómico, cuando menos, aunque para un servidor que es un fan irredento de Lecter maldita sea la gracia que esto ha tenido.
Aunque la evolución como estrella inevitable de buen Dr. ha sido un tanto atípica ("El Silencio De Los Corderos" era la secuela de "El Dragón Rojo" que se estrenó en segundo lugar… ¡Ah! Ese duo Norton-Hopkins…) no por ello fue su trayectoria menos deslumbrante hasta encontrarle apagado al fin, convertido en un niño deseoso de venganza en medio de la horrible vorágine de la II Guerra Mundial. Planteamiento de partida ya bastante flaco y traido por los pelos como el resto del patético guión, porque de aceptar esta premisa deberíamos de haber asistido en los años posteriores a ese macabro suceso, a un incremento casi epidémico de la prevalencia del tipo del asesino en serie en la población mundial, cosa esta que, es bien sabido por quienes me leen, no sucedió nunca y, hasta donde un servidor conoce, no hay ningún estudio avalado por ninguna Ciencia ni Psiquiatría ni Psicología que demuestre ni establezca ni de lejos ese correlato, por lo tanto el mismo planteamiento de entrada de este patético último episodio novelado y filmado de Lecter ya adolece de un punto de partida que promueva minimamente ese acuerdo entre lector-espectador y autor-director de una novela-película que es la suspensión de incredulidad. Ese "siéntate que te voy a contar un cuento." La palabra se prostituye. Ese planteamiento de partida de pobre niño rico acosado por la guerra y el comunismo subsiguiente ( que no el originario de la Revolución ) a la misma es ya, por decirlo de manera suave, vano y poco convincente. Y esto por no hablar de la forma en que se roza el patetismo cuando el joven Lecter se va a vivir con una tía suya que es asiática y que resulta que establece con ella una relación incestuosa adornada con unos burdos ribetes místico-karatekas para, a la postre, terminar Lecter "El Bueno" por terminar matando a "Los Malos" que hicieron mucho daño a su pobre hermanita menor "Nikita" o como quiera que se llamase en el film la hermana en cuestión pues un servidor se niega a volver a verlo ni siquiera con finalidades de documentación.
Por no ser todo negativo que luego los hay que me riñen por ello, destacaré la actuación del actor que encarna al joven Lecter que, el pobre, me imagino que tuvo que dar todo de él para hacer y mantener siquiera en los límites de lo medianamente visible semejante bodrio y evitar la risa del espectador o la carcajada incontenida (de esto último ya no estoy tan seguro que lo consiguiera,) partiendo además de un listón bastante alto.
Sí mis queridos amigos. En este patético reflejo queda el gran Dr. Hannibal Lecter, esa especie de Moriarty malvado y astuto que era capaz de prever y controlar todas las jugadas del juego, incluso la mejor de las jugadas posibles, irónico, culto y elegante.Todo ello aún encontrándose prisionero del funesto Dr. Chilton… "El Dr. Chilton, supongo…" lo que no hacía sino acercarlo más a esa figura arquetípica y casi mitológica en que, merced a él, se convierte el sórdido, absurdo, patético, gris, mediocre y aburrido serial killer.
Solo quiero hablar de Lecter a modo de personal tributo que quiero compartir con ustedes antes de que el verano encienda las hogueras de San Juan en la noche más larga del año. Sólo eso. Por ello no me extenderé aquí en exponer algo que, por lo demás ustedes ya saben: Las consecuencias que la soberbia "El Silencio De Los Corderos" tuvo en toda la cinematografía posterior sobre el género. Película demencial y francamente aterradora desde los mismos créditos iniciales proyectados sobre ese sórdido campo de entrenamiento del FBI en el que se afana la joven e inexperta Clarice. Los créditos de color negro, sin las típicas concesiones tan al uso al rojo sangre al que el espectador asistirá pocos minutos más tarde de la mano del modisto James Gump. Inquietante como el mismísimo Dr. Lecter tan magistralmente interpretado por Anthony Hopkins y su contrapunto en la valiente pero inexperta y a la vez aterrada Clarice, cuyos fantasmas más íntimos nos va desgranando el Dr. Lecter para terminar en su celda provisional de máxima seguridad de Menphis a donde le han conducido para pitorrearse de toda la plana mayor del FBI y una senadora, celda de la que al final escapará no sin antes mostrarnos a Clarice que somos nosotros mismos, al desnudo… "Y piensa que si consigue salvar a esa chica, que si consigue salvar a Catherine, no volverán a despertarla en medio de la noche el horrible chillido de los corderos…"
Esta película, el libro de Harris "El Silencio de los Inocentes" y sus personajes, ese universo que ahora se desmorona, hicieron en mí un efecto de catársis a un nivel muy profundo en mi personalidad y en un momento muy dificil y más que delicado de mi vida, catársis que me llevaría a una árdua pero fructífera tarea de autoconocimiento y autocomprensión y, en segundo lugar, también a buscar y demandar una ayuda que necesitaba aunque para ello hube de colocarme en las puertas mismas del suicidio. Pero al fin, con mi empeño, como la disciplinada y tozuda Clarice y la ayuda de Lecter y otros buenos Doctores conseguí encontrar a mi propio James Gump y darle caza, además de conseguir seguir avanzando en la vida a pesar de que, como bien dice Lecter en "Hannibal", la gente muchas veces lo que hace es limitarse a intentar evitar que prosperes en la vida.
Digo todo lo anterior para que se entienda bien a las claras por qué reclamo y exijo un final más digno para el buen Dr. Lecter y no este pastiche baboso, pseudoemotivo e infumable que nos han servido y que sin duda repugnará al mismísimo Dr. Lecter.
Este posteo no lo estoy escribiendo directamente sino que lo he redactado antes de copiarlo al ordenador. Escrito debajo de la sombra de un olivo, mientras oigo "Your Lovely Head" de Goldfrapp y "Criminal World" de Simple Minds. Escrito en papel "Gua-rro" de calidad superior y con una pluma "Waterman" y tinta "Parker." Antes de que llegue el verano y la violencia, mientras despido la última brisa de la primavera que juguetea entre las ramas de este viejo y sabio olivo y mi perro me guarda. Todavía no le he dado a comer la cara de nadie…
Es mi pobre tributo a un personaje que merecía mucho más por parte de su autor.
A más ver.
Sin posteos relacionados.
Curioso que ayer mismo escuchara a Jodi Foster en un documental sobre el éxito y el fracaso en taquilla, hablando de que para ella El Silencio de los Corderos es la película perfecta, en el sentido de que todos los elementos de la producción funcionaron al cien por cien; director, actores, guión, montaje, fotografía, diseño de producción, banda sonora,.. Todos están de diez para arriba. Y todo ello, limitándose, como ella misma comenta, a seguir lo escrito en la novela original…Y ¿Por qué nadie se acuerda nunca del prodigioso Ted Levine en la piel de James Gump?
Curioso también que fuese la propia Jodi, junto al director Jonathan Denme los primeros en desmarcarse del bodrio Hannibal. Si ya la novela era un asco.
Sólo quedan los peseteros: Hopkins, Harris.. Los hermanos De Laurentis son unos catetos que quieren hacer películas a base de talonario, y así les va. “El dragón rojo” era una peli pasable, pero esta nueva… Vete a saber. Me la presupongo mala.
A veces las películas superan a las novelas que adaptan. “Forrest Gump” es un ejemplo. Mi cuñado Rafa me regaló “Hanniba Rising” por mi cumple… Y ahí ana, en la mesita de noche, en lista de espera. Miedo me da.
Pero no el miedo que debiera.
Otras películas contemporáneas (para mí) perfectas:
El turista accidental, de Lawrence Kasdan.
Sin perdón, de Clint Eastwood.
Maridos y mujeres, de Woody Allen
American Beauty, de Sam Mendes
Casino, de Martin Scorsese
Un pez llamado Wanda, de Charles Crichton
La lista de Schindler, de Steven Spielberg
Y alguna más habrá…
Verá usted mi querido Ozymandias. No voy a decirle que NO LA VEA porque mucho me temo que su cinéfila y crítica curiosidad podrá más que mi buen consejo. Pero… No sé. Haga algún tipo de acto de contricción antes de enjaretarse “eso” entre pecho y espalda y, desde luego, espere a estar en plena forma psíquica y física. Si, como me temo, al final opta por mirar semejante engendro le deseo toda la suerte del mundo.
Tomo nota de la lista de películas de las que hay alguna que aún no he visto pese al furor de mi emule.
Respecto a la “novela-guión-pagado” de Harris no la he leido ni lo haré, pero si me permite la sugerencia le diré que mejor emplee el tiempo en esa joya de hija que los Dioses le han dado, antes que malgastarlo leyendo semejante tostón.