- ¿Qué te ha dicho?
- ¿Quién? Ah, nada; que toca la guitarra, en su casa, y tal. Que le gustaría probar con el grupo, a ver si le hacíamos hueco, y aprender… Lo típico.
- Claro. Y luego, para que al tiempo, cuando ya haya aprendido, se largue, monte su propio grupo, y ni siquiera tenga el detalle de despedirse de mí..
- Hum… Sabes, Diego. Aunque me torturen, seguiré asegurando que jamás he tenido esta conversación contigo..
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Hombre, lo de despedirse no creo que sea la principal de las molestias comparada con la de tener que volver a readaptar un repertorio para paliar la carencia de una guitarra… Si es que no escarmentamos…¡A estas alturas de la película!
Con lo bonita que es la pedagogía hombreeeeee.