Odio. Qué fácil es odiar. Esta semana han condenado en Austria a un historiador británico a tres años de cárcel por negar el holocausto Nazi. Aunque intentó rectificar durante el juicio, en plan cagao, ya fue tarde. A su vez, unos musulmanes secuestraron a un joven judío en Francia esta semana, lo torturaron hasta matarlo después de pedir un rescate. Por no hablar de los e mails anticatalanes que recibo día sí día no.
Es fácil odiar. Odiar al musulmán. Odiar al cristiano. Al rojo. Al pepero. Odiar al homosexual. Al hetero. Al que es del Barsa. Al del Madrid. Al ignorante y zafio. Al culto y educado. Odiar al ateo. Odiar al religioso. Odiar al patrón. Odiar al trabajador. Al yanquilófilo. Al francófilo. Al andaluz. Al catalán.
Odiar es más fácil que amar. El odiado no tiene rostro, porque lo que se odia es el concepto. El odiado no tiene cara, al menos al principio. Amar es más fácil, el amor es un sentimiento identificable. Ama a tu prójimo es probablemente el mandamiento cristiano más obviado de todos. Se ama a quien se conoce: a tus padres, a tu pareja, a tus hijos, a tus amigos. El odio no discrimina tanto. Puedes odiar a una etnia entera, un país entero, un continente completo.
Hasta que un día resulta que el objeto de tu odio adquiere rostro, nombre, documento nacional de identidad. Y un día resulta que te enamoras de una chica y ¡Oh, sorpresa!, la chica es catalana. O tu mejor amiga de toda la vida te envía una tarjeta de invitación porque va a casarse con su novia. O un sudaca de mierda que resulta que es psicólogo saca adelante la enfermedad de tu padre… Y el odio se desvanece como por arte de magia. O se quita uno. Se aprecia a ese musulmán que te ayudó a cambiar una rueda en aquella tétrica carretera comarcal, pero el resto de marroquíes seguirán siendo una pandilla de moros asquerosos, a no ser que, claro, no conduzca un coche de pobre.
Odiar es fácil sí. Pero precisamente porque es fácil, debería dejar de practicarse.
Fíjate por dónde, cuando a estas alturas ya nadie me llamaba por mi nombre completo a excepción de mi madre, ahora me sale otro que le ha dado por hacerlo. Pero sólo cuando se enfada: Mi jefe. Cuando ya le he puesto de los nervios (lo cual suele suceder con bastante frecuencia) se dirige a mí utilizando mi nombre compuesto. Tal vez le apasiona el tufillo franquista que desprende. Más por lo nostálgico que por lo ideológico, eh. Ayer sin ir más lejos, andábamos discutiendo un tema del Instituto (los trabajadores no docentes andan en pie de guerra por un quítame allá unos días libres) cuando, al aducir yo problemas de motivación, me salta:
-José Antonio !!! (así, como suena) tú lo que tienes que hacer es venir a trabajar y prepararte tus oposiciones en casa y no en el trabajo.
(Nota aclaratoria: es en este momento cuando debo dejar claro que hoy por hoy no estoy estudiando, y que lo que él llama “estudiar”, en realidad es escribir en el blog éste y mirar páginas de tebeos. Claro que no seré yo quien le quite la ilusión)
A lo que yo le respondí lo de siempre: “mira, la próxima vez que te manden un funcionario, pídeles por favor que sea fijo y no interino como un servidor,al que la Junta de Andalucía maravillosa que tenemos le obliga a sacar en oposición 105 puntos de 110 cada año para poder tener trabajo. Que algunos no lo tenemos tan fácil como tú, con tu trabajo fijo, tu buen sueldo de maestro y tu complemento de cargo directivo. Algunos nos la jugamos”. Se calla inmediatamente. Es mano de santo.
Todo lo cual es cierto, independientemente de que estudie ahora o no. O como dice un conserje amigo mío: esto es la administración, pagas un precio muy alto por entrar aquí (emocional y psíquicamente), de manera que no nos pidas que trabajemos como en una empresa privada. Porque aquí no se entra como en una privada. Aquí se entra sudando sangre y artículos de la Constitución.
En fin, al discusión fue divertida por momentos, y encima le sacamos la semana blanca completa de vacaciones. Es lo que tiene la secretaría de este instituto. Que somos un gigante dormido. El día que despertemos… Es curioso, quién iba a decir que al final mi compañera la elefanta y yo íbamos a trabajar tan bien juntos. Después de chocar al principio, porque a ella le molestó que le pidiera que no fumara en la secretaría por mis problemas de alergia… “reconozco que me equivoqué contigo”, me dijo el otro día. Es lo que tiene el viejo encanto de los Ozymandias. Que nadie se resiste (…)
“Nuestro jefe es bastante clasista” me dice ella. “Al personal de a pié nos desprecia”. Bueno. A mí eso me da igual. Tengo lo que quiero, y el concepto que él pueda tener de mí…. Él es maestro de escuela, sólo puede impartir clases hasta segundo de ESO. Yo soy licenciado en Derecho por la Universidad Europea de Madrid. Estoy aquí porque quiero.
Esto me recuerda a algo que me sucedió hace algunos años, cuando me despidieron. Acudí a conciliación, y por la empresa apareció un asesor laboral, Graduado Social de los de antes, de ésos que viven del (dudoso) prestigio acumulado, con su traje y sus canas. Me ofreció una cantidad. La rechacé y le tuteé.
-Perdona -me dijo- pero, por la edad que tengo, deberías tratarme de Usted.
-Pues perdona que insista en el tratamiento, pero me temo que estás equivocado. En primer lugar, porque somos compañeros de profesión. Más aún, porque yo soy Licenciado y tú eres Graduado Social. En consecuencia, me temo que eres tú el que debes tratarme de Usted.
Qué soplaguindez, ¿Verdad?
Me llamó la atención algo que escribió Nodoyuna: “No se qué me pasa ultimamente que estoy como nostalgico y triston”.. Es curioso que yo me sienta así tan a menudo, casualmente. Echo de menos la casa de mis padres en Benajarafe. Pero, fíjate, no el mastodonte que mi madre edificó a saber para qué. No. Añoro la pequeña casita de una sola planta que mi padre compró en 1970 y uqe bautizaron como “Villa el Rocío”. Nuestra habitación estaba al fondo de la casa, y tenía las paredes empapeladas de color azul, con pececitos de colores y soles dibujados en el papel. La habitación de mis padres estaba al otro lado de la pared. En verano, al irte a dormir, escuchabas el murmullo de las olas al otro lado de la nacional 340, y el ronroneo ocasional de algún coche en la distancia. Aún no habían levantado los edificios tan espantosos que plantaron entre la playa y nuestra casa, y en medio tan sólo había un enorme descampado repleto de cardos borriqueros, los mismos que mi padre decidió un día de agosto quemar porque decía que aquello era un nido de ratas. El problema es que lo hizo a contra viento, y el humo se metió en casa. Yo estaba durmiendo la siesta en el porche, abrí los ojos y me encontré rodeado de humo. No se veía nada. Mi abuelo materno salió escopeteado del cuarto de baño, subiéndose el bañador y gritando: “¡LA CÁMARA DE GAS LA CÁMARA DE GAS! ¡LA CÁMARA DE GAS LA CÁMARA DE GAS! ; EL TONTO DEL C… ESTE NOS VA A ASFIXIAR A TODOS”. Y mi abuelo, que estuvo en el frente ruso, y conservaba una máscara antigas que acojonaba al ponérsela, sabía bastante del tema.
Echo de menos aquello. De veras que sí. Las barandillas rojas que rodeaban la casa. Nuestra vecina Julita preguntando “¿Qué, Joseantonio, ya os han dado las vaca?”. El pastor alemán de mis abuelos. A mis abuelos y su t.v. en blanco y negro y su parte horario de Radio Nacional. A mis abuelos. Mi abuela Mami y sus chorropocientos tebeos. Mi abuelo y su perenne melancolía y sus cabezazos en la calva. Mi abuelo hacía unas paellas de morirse. Mi padre cortaba el jamón con una técnica envidiable, tras una infancia ayudando a mi abuelo en el ultramarinos que tenían en Gamarra. Un día, mi abuelo, angustiado por las deudas, salió de casa diciendo que iba a tirarse debajo del tranvía; mi padre,que tenía siete años, salió corriendo detrás de él, suplicándole, entre sollozos, que no lo hiciera. No lo hizo. Supongo que eso explica muchas cosas.
Yo no sé hacer paellas. Y corto fatal el jamón. No he aprendido nada de mi padre, ni de mi abuelo. Me he equivocado más que he acertado. La gente cree que soy una persona fuerte, con carácter, decidida. Y no es cierto. En realidad, sigo siendo ese niño inseguro y asustado. Sólo me cambió la voz. Pero no lo digáis por ahí, ¿Vale?
Disculpadme
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Gran salto estratégico si señor.
jejejje… al final algún poso dejaron los joios eeeehh
Conste que no va contra tí esto, aunque sí contra ese conserje o cualquiera que tenga esa forma de pensar y/o actuar, pero esa es una de mayores falacias inventadas por humano. Para empezar nadie te pone una pistola en el pecho para que lo hagas. Sólo el mero hecho, y más en el país del mínimo esfuerzo, de que sepa que no le pueden echar a uno (como máximo un traslado) para por una reacción físico química uno se convierta en un instante en un vago redomado además de toca-pelotas y perdonavidas detrás de una puta ventanilla, a la que vas, por cierto, porque da la puñetera casualidad que esa misma persona (u otra, que da lo mismo) no la dado la realísima gana de arreglártelo por teléfono o fax o correo electrónico, dejando tu trabajo, mientras él no le pega un palo al agua en el suyo. Que me dejen de rollos emocionales y pollas. Rollo emocional es tener que estar pensando que como no termines una cosa te vas a la puta calle. Cuando se tiene un trabajo del que no te pueden echar, viviras mejor o peor, pero a final de mes: tracatrán. Y si es porque el trabajo es tedioso y deprimente, todos, repito, todos los trabajos se vuelven así estés en una administración o no, porque al fin y al cabo no es más que repetir algo. Jodío conserje.
PD: Odio a la gente así. jejjeje
Pero chicos, que tener buen recuerdo de los buenos momentos no es malo. Yo por lo menos me niego a verlo con nostalgia. Mejor con agradecimiento (a ver si en mí tambien calaron los joios…)(grrrrr)
Ah ¿pero el trato de respeto no era en funcion de merecerselo o no?
Yo después de que me dijeran que le habalra de Don porque él habia estudiado una carrera de cinco años y yo una de tres….. no comment
I still remember the world
From the eyes of a child
Slowly those feellings
Were clouded by what I know now
Where has my heart gone?
An uneven trade for the real world
Oh! I want to go back to
Beleiving in everything and knowing nothingh at all
I still remember the sun
Always warm on my back
Somehow it seems colder now…
Where has my heart gone?
Trapped in the eyes of a stranger
Oh! I want to back to believe in everything
Where has my heart gone?
An uneven trade for the real world
Oh I, I want to go back to believe in everything
Oh! where has my heart gone?
Trapped in the eyes of a stranger
Oh I, I want to go back to
Believe in Everything
EVANESCENCE- Field of Innocence
Esta es letra de uno de los temas que quiero grabar en breve. Habla de algunas de las cosas tratadas por nuestro querido Ozy en este posteo, sobre todo de los prejuicios, del odio y de la manipulación por parte de unos pocos de los sentimientos y anhelos de la mayoría:
Ser o no ser, es solo cuestión de un momento,
Tendrás dónde ir cuando se acabe tu tiempo,
No mires al sol, existe aunque no puedas verlo,
Sigue su luz para espapar de este infierno,
Dogmas de fe
Elige un color, hay hombre malos y buenos,
Rojos, azules y verdes, blancos y negros,
Divide por dos y elige el camino correcto,
Tienes razón…
Corazones que encuentran sentido en giro brutal de un mundo extraño,
Dogmas de fe de hombres de barro.
No intentes huir, tienes los pasos contados,
Desde el patio del colegio al otro barrio,
La vida es así, debes cumplir a diario,
con el guión…
Corazones que laten al ritmo de un pulso vital que otros marcaron,
Dogmas de fe de hombres de barro,
Corazones que encuentran sentido a la revolución de un mundo extraño,
Dogmas de fe de hombres de barro.
Cuidado. Yo estoy dentro, y te puedo asegurar que la gente trabaja.
Antes de entrar en la administración, Me he pasado años al otro lado de la ventanilla, como administrado. Jamás he tenido un problema con la administración, y todo cuanto he gestionado se me ha resuelto con cierta prontitud y eficiencia. Como digo, la gente trabaja. Otra cosa es el administrado que no se informa o no se quiere informar de los requisitos de tal o cual procedimiento, o de la burocracia legal exigible a tal o cual procedimiento, la cual no es imputable al funcionario, claro.
Ten en cuenta que si no te lo arregla por fax o correo electrónico, es, porque simplemente, el procedimiento no lo permite, no porque el funcionario no quiera. A mí me sucede a veces que alguien quiere darse de baja en el centro por fax y tengo que decirle que eso no es posible, que tiene que hacerlo personalmente porque esa es la normativa, por poner un ejemplo.
Repetir algo, sí: vigilar los accesos al centro. Y controlar los recreos. Y encararse con alumnos problemáticos. Y muchas otras tareas que no están previstas en las funciones de un conserje, pero que hacen por el buen funcionamiento del centro. Un conserje se come muchos marrones, más de los que uno cree.
A final de mes, en la privada, si has rendido correctamente, hay unas cosas que se llaman incentivos. Bastante pasta. No es sólo que te puedan echar a la calle. En lo público, si te portas bien, te dan 60 euros cada cuatro meses. En la privada, si trabajas bien, asciendes, o tienes esa posibilidad. Aquí, da igual cómo trabajes, que, o, apruebas oposiciones, o no promocionas. Cada cosa tiene sus maldades, la pública y la privada. ¿O alguien es capaz de decirme que telefónica o gas natural funcionan mejor ahora que están privatizadas?. Y, oye, lo de vivr mejor o peor, es lo más importante, digo.
En efecto, el trato está condicionado por los merecimientos. Que yo sepa, no he dicho lo contrario.
En efecto, a veces los hombres son de barro. pero otras veces, es el barro el que te devora, y puede dar la falsa impresión de que eras de barro. Pero no.
Lo malo no es ser de barro o, como tu dices, estar rodeados de barro.
Lo malo es que hay algunos en una posición más fuerte (más influyente ideológica, social, religiosa o económicamente) que conocen esa condición (“barro”) de los demás y en lugar de ayudarles a ser tan fuertes como ellos o, volviendo a tu expresión, rescatarlos del barro, aprovechan su maleabilidad para moldearlos a su interés o, de nuevo en tus palabras, los hunden cada vez más.
Y así va el mundo…
incenqué?