¡UNA VEZ FUÍ COMO TÚ…! (I)

escrito con cariño por SlowBurn

“¡TO,TOCOC… TO, TOCOC!”
Encima del abrevadero de la fuente de la plaza del pueblo, Daniel golpea con los tacones de sus zapatillas en el mármol… “¡TOCOC, TOC… TOCOTOC, TOCOC!” Demasiado calor un calor al que le puede uno poner todos los calificativos que quiera. Para ser breves: Fuego.
Esperaba a su amigo, el pequeño Miguel, que, aunque tenía dos años más que él, y era bastante más alto, conservaba una cara de muñeco o de angelote que hacía que el resto del pueblo se negara a aceptar la realidad de aquel cuerpo que a los dieciocho años reclamaba su hombría lo mirasen por dónde lo mirasen.

Daniel se incomodaba… Miguel se retrasaba… ¿Le habría prohibido su madre salir de la casa con la caló?… Mira que le tenía dicho que no le dijera nada a la vieja de que iban a ir a bañarse y menos todavía del lugar al que iban a hacerlo. Porque entonces. Bueno. Entonces seguro que la madre de Miguel se chivaría a la suya y ya se acabaron los baños a solateras. Se veía obligado a tener que ir a bañarse al río acompañado de su madre y sus dos hermanas y encontrarse allí con todas las tontas y todos los gallitos del pueblo.
No. Él se sentía a gusto si iba a bañarse solo con Miguel y aunque en el río podía encontrarse a la Nela que le ponía esas palomillas en el estómago cuando lo miraba y él la miraba y élla hacía como que la sorprendía mirándola… Pero también le aleteaban las mariposillas en el estómago cuando iba a bañarse con Miguel y éste le contaba cómo había domado algún potro de su padre o le enseñaba cosas del campo, de los animales, de los pájaros… Le fascinaba ver aquella cara de niño hablando como un hombre y un escalofrío muy agradable le recorría el cuerpo cuando, caminando uno al lado del otro, el dorso de la mano de Miguel rozaba levemente la piel de su brazo… Le gustaba verlo sumergirse y luego salir mojado el cuerpo entero como si fuese un pez muy grande y húmedo.
Pero se retrasaba, “¡joder!” Masculló entre dientes mientras el calor se iba haciendo más insoportable. Las cuatro y media de la tarde sonaron en el reloj del ayuntamiento, un sonido como de perola cascada. Nada se movía. Sólo el chorro de agua a su espalda que ya ni siquiera le refrescaba al salpicar en el abrevadero. ¡Qué va! Se removió. Sentía calor y las bermudas le incomodaban en el culo. Resopló y empezó de nuevo el golpeteo de las zapatillas nike contra el mármol… “TOC,TOCOTOCOC…TOC, TOCOTOCOC,TOCOTOCOC” Los pies le ardían dentro de las zapatillas y Miguel no venía. En uno de los impacientes golpeos uno de los zapatos estuvo a punto de salir despedido a la oficina de información y turismo del ayuntamiento.
Por fin vió aparecer la madeja de pelo rubio rizado de Miguel por la cuesta del campo de fútbol que desembocaba en la plaza…
– Joer Miguelín, creía que ya no llegabas…
– Mi padre que a última hora se le ha puesto que tenía que ayudarle a poner una herradura de un caballo que se le había caido… Y como no es hora de baño ya sabes que no podemos decir ná de esto… Lo sabes, ¿no , Daniel?
– Claro tio, ¿qué dudas de mí? – Dijo Daniel mirando de su pequeñez al amigo. Este quedó callado un pequeño instante. Daniel pudo oler el sudor de su cuerpo tenso por la carrera que se había dado para acudir a la cita y como una racha de viento ardiente se llevaba el olor moviendo los cabellos dorados de su amigo.
– Nunca. Sino no te habría llevado allí.
Los pequeños ojos verdes de Daniel se relajaron al ver brotar la confianza de la negrura de los de su amigo. Le gustaba mirar en los ojos de Miguel. Aunque este a veces se mosqueaba y le decía “¡¿qué coño me miras?!” a Daniel se la traía floja. Le encantaba mirar allí en aquellos ojos tan negros. Era como mirar en la ventana en una noche de luna nueva o en un lago de noche. No veias nada. Sin embargo, tarde o temprano te parecía verlo o creías haberlo visto…
Pero de repente Daniel vió una sombra en los ojos de su amigo. Siguió la dirección de la mirada de éste y sus ojos terminaron posándose en sus bermudas…
– Tío es que hace mucho calor pa llevar pantalones, Miguel.
– ¡Eres la hostia tio!… ¡La vírgen que a cabezón no te gana nadie enano! ¿Y qué le vas a decir a tu vieja cuando te vea las piernas llena de arañazo? ¿Que me has estao ayudando en el campo con lo flojo que eres? Jjeejjej
– ¡ESO NO ES ASÍ LARGO! ERES UN CABRÓN! – Restalló Daniel como un látigo en medio de aquella tarde, dándo un salto del abrevadero y tomando tierra frente a su amigo.
– Si no haces más que leer cuenticos y tocar la guitarra – repuso el otro hundiendo un poco más la puya-
– No te tenía por un bruto como los demás, Miguel, esos “cuenticos” son COMICS y seguro que te gustarían pero como a tí te da alergia hasta el papel higiénico pos cualquiera te dice ná… y respecto a la guitarra compongo CANCIONES y pensaba enseñarte alguna pero…
– Pero no nos va a das tiempo a llegar allí… ¡Vámonos!- Cortó el mayor con sequedad.
– ¿Tan lejos está?
– Con esta calor… Mucho. ¡Vámonos!

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  3. Espero que os haga tanta gracia como a mi.

2 comentarios para “¡UNA VEZ FUÍ COMO TÚ…! (I)”

  1. avatar ozymandias dice:

    Sí que está lejos sí…..

    Mejor me llevo algo para el camino… Mi guitarra acústica (La Alhambra, la Yamaha está cascadilla) y un TBo..El numero 100 de los Vengadores, claro.

  2. avatar ozymandias dice:

    Me puse el traje de un hombre muerto.
    Me coloqué mi anillo con la calavera sonriente
    Y mis botas de sepulturero, que me dan suerte.
    Me pillé una canción para ir cantándola
    y quitarme el frío.

    Ya te alcanzaré más adelante.

    Por el camino.

    Bruce Springsteen, further on up the road

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