Cuenta la leyenda que a Bobby Hattfield (La mitad de los Righteous Brothers) le sentó muy mal que su socio, Bill Medley, cantara en solitario la parte más dramática de “You’ve lost that lovin’ feelin’”, por decisión del productor Phil Spector. Claro que Hattfield (Desaparecido en 2.003) se tomó más que cumplida revancha cantando en solitario “Unchained Melody” unos años más tarde.
En 1965, Phil Spector retomó un tema de unos cincuenta años de antiguedad, se le añadió letra, y encargó a Hattfield que la cantara con su hermosa voz de tenor. Arropado por el famoso “wall of sound” de Spector, “Unchained melody” (melodía desencadenada, y no “Encadenada” como dice tanto la gente) ha trascendido, con el tiempo, la mera consideración de balada al uso para convertirse en algo más. Recuerdo que mi madre guardaba el single en casa, y yo, de pequeño, solía pincharlo en el pickup que conservaba de cuando soltera. Sonaba la típica arenilla de los discos de vinilo, y comenzaba el acompañamiento de piano, la escala que parecía seguir el ritmo de las revoluciones del pickup… El final de la canción, cuando Hattfield entona, en glorioso falsetto, aquello de “I’ll be your love” suena a canto elegíaco, a homenaje crepuscular a todas aquellas bandas de doo wop y gospel que, durante más de una década, inundaron el panorama de la música popular: Los penguins, los Moonglows, los oriols, incluso bandas corales de “Soul de ojos azules” como Jan and Dean, Los Everly Brothers, los Archies,,y, por qué no, Los Beach Boys. Más de 2.500 bandas llegaron a grabar algún single en ese estilo. “Unchained melody” ponía punto y final a una época de candidez e inocencia, de amor virginal, de tardes surferas en la playa… Unos meses antes, Bob Dylan salía al escenario con una guitarra eléctrica en el Newport Festival, y el panorama del Rock and Roll cambiaba para siempre jamás. Pero la mirada limpia y pura de los Righteous Brothers sobrevivió a la contracultura, como testimonio de una época, como Dylan lo es de la suya propia.
Hace un par de días, estaba yo en la cola de un hipermercado, cuando, por el hilo musical, comienza a sonar algo parecido a unos cantorcillos de ópera entonando “Unchained melody”. La cantaban de la manera más monótona e indolente posible, de manera que, al poco rato, sólo se entendía “ooooooo” “aaaa” con el vibrato característico de estos vocalistas. Algo tan desvinculado al concepto original de la canción, a su historia, a su contexto social, a su sentimiento… de veras que me dieron ganas de ir a pedirle al tipo del hilo musical que cambiara de disco, que pusiera cualquier cosa menos eso. Que a mi hija escuchar esa bazofia putrefacta podía causarle un daño psicológico irreversible.
Decía el director de cine John Bogdanovich en una reciente entrevista a EL PAIS que cierta vez comentó a cierto famoso actor que le recordaba a James Cagney. El hipergaláctico actor le respondió que no tenía ni idea de quién era Cagney. Eso es lo triste del tema. Cualquier artista debería conocer sus raíces. Toda manifestación artística vale lo que su contexto histórico le aporta, tanto como la inspiración artística o el talento del creador. “Unchained melody”, canturreada por cuatro peleles para goce y disfrute de la cuenta de resultados de El Corte Inglés y de una compañía discográfica perezosa e indolente, es nada, nada de nada.
Pero la gente lo compra. Y lo pone en su carísimo equipo de música. Y presume de tener buen gusto.
No sé… Tal vez nada de esto tenga sentido. Pero la próxima vez que me tope con esta “cosa” sonando por el hilo musical de un centro comercial, tal vez hasta solicite una hoja de reclamaciones… en homenaje a Bobby Hattfield, que falleció hace dos años. Y a Phil Spector, que sólo aparece en la prensa cuando acomete otra de sus chifladuras. Y de Paul Simon, que trató de evocar el espíritu del tema en su “Bridge over troubled waters”, con la cámara de eco a lo que daba. Y de toda aquella gente que, durante años, hizo brillar la industria discográfica elevando a la categoría de iconos culturales a muchos de sus productos de consumo.
Porque ésta es la industria musical de nuestros días. No importa lo que hagas, la cuestión es vender, vender, vender… porque para vender algo de calidad y auténtico hay que trabajar. Es mejor sacar esta bazofia adulterada. Los Righteous Brothers eran como tener a Elvis y a Roy Orbison en la misma banda. Estos tíos son como los hermanos tontos de los tres tenores. Y lo de los tes tenores ya atufaba.
y, ¿Lo peor? Que el que permite este desaguisado, el propietario de los derechos de la canción, es… Paul Mcartney.
Me estoy haciendo viejo
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Os lo tengo dicho pero no me quereis hacer caso. Es que es verdad que la humanidad avenza a pasos agigantados. Y su tecnología muchísimo más. Vamos que la humanidad no la alcanza ni de lejos.
El caso es que al igual que la energía nuclear en malas manos ya sabeis lo que es capaz de perpretar, ya, cualquier indolente sin un mínimo de cultura musical o incluso acortando la frase, un mínimo de cultura, tiene a su disposición herramientas para el destrozo general de cualquier clásico. Si es espabiladete, hasta sin poner un leru. Y digo tecnológicamente, que si ahondamos un poquito más, bajo la excusa de haber pagado derechos de uso de determinada canción, y gracias (o por desgracia) a que no hay control sobre las aberraciones realizadas, nos encontramos excomulgables canciones a disposición de la cultura del Use&Drop tan ‘aperrada’ (que no aferrada) a esta época que nos toca sufrir a los que nos sigue gustando la música ‘a pesar de’.