Aunque todavía hay “listos” que creen que herir a un linier durante un partido de copa no es motivo suficiente para suspenderlo, parece que aún hay alguno que conserva el sentido común, como este articulista del Diario AS. Cito, y me ahorro decir lo que pienso yo, que, desde luego, es mucho más fuerte:
“Es habitual que los aficionados, poco o nada respetuosos, lancen cosas al terreno de juego. Lo que no es habitual es que acierten en la diana. Megía Dávila suspendió el partido e hizo bien. Con un compañero herido física y moralmente, no se debe reanudar el juego, sobre todo si el árbitro considera que no fue consecuencia de un incidente aislado. Los árbitros han llegado a la conclusión de que, o se defienden ellos, o no les defiende nadie. Ni los jugadores (tramposos por naturaleza), ni los entrenadores (Quique Flores calentó el partido de forma lamentable), ni los dirigentes de los clubes (que aprovechan los errores arbitrales para tapar sus miserias), ni la Prensa (que los trata como peleles), ni, lo que es peor, la Federación”.
Dicho queda.
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Ni entre ellos mismos se defienden, porque lo que uno hace, otro lo critica abiertamente e incluso lo descuartiza verbalmente habalndo en una radio, prensa escrita o televisión sin ningún tipo de miramientos, y además siendo consciente que cuando él arbitraba no le gustaba que sus compañeros hicieran eso. Hay tantos ejemplos de eso… que dejo desierta la verbigracia para no focalizarla en un nombre o dos concretos.
De todas maneras, esos barros traen estos lodos. Y es que, aprovechando la coyuntura, hasta el tato ha sacado los pies del tiesto amparados por lo del Camp Nou y lo de Gurpegui… Todo vale en el Reino de Carod (de alguien era, pero ahora no recuerdo). Vale porque no se pueden tener dos varas de medir según intereses o miedos particulares. Una jugada es penalti o fuera de juego o tarjeta roja directa o no en función del equipo al que le aplique la infracción y el equipo en frente, así como el campo en el que se juegue. Nadie huebiese detenido el encuentro y hubiera dicho ‘nos vamos, nos vamos’ si el encuentro se hubiese celebrado en la catedral o el camp nou.
De igual forma, existe un pobre Giovanela, del Celta el pobre, si fuese del Athletic…, sufriendo dos años de sanción por algo que desde hace esa misma cantidad de tiempo no ha empezado un tal Carlos Gurpegui simple y llanamente porque o juega en el mismo equipo que el presidente de la federación o tiene la facilidad de hacer con su cuerpo lo que le da la gana de forma aleatoria, pero según determinados parámetros, al mismo y puro estilo Hulk. ¿alguien se ha hecho las mediciones cuando este hombre esté cabreado? quien sabe, la vida te da sorpesas, soorpresas te la da vida, ¡ay! diooos.
Pues eso, ¡ay! dios, qué cutrepais tenemos (¿o es estado de naciones?) ¡quien sabe! Esperemos al Estatut v3.0 para saberlo.