EL CAMALEÓN, EL GITANO Y LA LUNA.

escrito con cariño por SlowBurn

Poco a poco fue transcurriendo la noche de aquel dia entre ecos lejanos de juerga bulliciosa de chiringuito y playeo nocturno de verano y la no tan lejana y ya inevitable pasada de algún coche “tunning” desguazándose la carrocería y el cerebro de los ocupantes al ritmo del “chundachunda” amplificado a 6000 watios por lo menos dentro del habitáculo del vehículo.

Romo, que en otra vida debió ser mediador, diplomático o algo de esto, tenía que estar entre nosotros dos lo que, lógicamente aumentaba bastante la sensación de calor y, al movernos los tres dentro de la tienda sin cesar por no saber como acomodarnos hacíamos crecer todavía más esa sensación de bochorno tremendo que ni la de los invernaderos de allí al lado. Por esto y como la cosa se iba calentando bastante en todos los sentidos la solución fue dejar la puerta de la tienda abierta tan solo con la mosquitera lo que de inmediato atrajo la atención de Romo que se hechó alli delante a ver todo lo que pasaba por su trufa y dejó que entrase el fresco pero también la mirada de los transeúntes. Sin ladrar, eso sí salvo que viera alguna aproximación extraña en cuyo caso lo que suele hacer es ladrar y si la aproximación es muy rápida no ladra.Lanza un ataque directo.
Y hablo del comportamiento de Romo, que es el que conozco,no por dármelas de experto en Cinología. Solamente aprendo y alucino cada día más con mi perro. Por ejemplo, ahora, mientras tecleaba estas líneas ha debido intuir que algo sobre él iba el rollo porque se me ha acercado y me lame las manos o me hecha el costado encima de la pierna. Lo mismo cuando hablo con alguien por quién él sienta especial afecto a través del messenger o del teléfono. Lo saco a relucir, digo, porque después de cierto ajetreo nocturno externo (niñatos moteros borrachos, llegada de la hermana de Mª José que la verdad no hizo un ruido la criatura pero yo estaba despierto, de los vecinos de al lado, “¡JODER AITÁ!”, vascos afincados en Madrizz con una tajada de 19 mm, etc,etc) e interno (“tu aqui, no, allí, joder la pierna, ¡ah! así no! tio el pieeee, mmm, argggfff, fffFFFFFFFF!!”, ” cuidadito que los padres duermen JUSTO ARRIBAAAAAH aaam, ya, ya, arr,aaAAAaaaAAAargFFFaaDFFFaAA”, “nio ña buenes fafarbe e fuño e la foca”) Y Romo miraba aquellos dos mundos el interno y el externo y solo le faltaban los binoculares esos que tenía Diego completamente redondos. Y ahora entendereis porque os hablo tanto de él.
Por fin me quedé dormido. Cuando desperté debían de ser las nueve de la mañana más o menos; no lo recuerdo con exactitud. Lo que si recuerdo es que el día comenzó de una manera bastante estrepitosa y misteriosa y así continuaría hasta que nos marchasemos de allí, SOLOS, Iván y yo, como dos fugitivos, el lunes por la tarde. Este día que comenzaba, DOMINGO, según había salido a relucir la noche anterior después de la cena mientras levantabamos la mesa, iba a venir la TIA PACA, hermana de Isa y tía de Mª José, a cocinar un arroz que, por lo meritado que fué por todos incluido Diego (¡ejem!), debía de ser digno de la mesa del mismísimo Abate Pereira.
Y el caso es que no fue la Tía Paca. Ni Isa, la hermana de Mª José con una resaca de muerte, ni Mª José probando la 7ª marcha del Primo Juan a escondidas, ni Dieg-In con los binoculares desajustados por una noche de pasión, ni el papá de Mº José al que le pregunté más tarde directamente porque ya estaba hasta las narices… Sencillamente no fue ¡nadie!
Fue el viento del verano el que a eso de las nueve de la mañana cuando yo me estaba despertando tropezó con el riel de la puerta de la casa, vino a dar con el pie contra una de las patas del igloo, por más señas, la más cercana a en la que reposaba mi asendereada testa, y sin duda alguna, como viento de verano que era, fue a darse un castañazo de órdago contra el árbol que estaba justo enfrente de la tienda de campaña remeciéndolo hasta la raíz. Luego, como el viento se mete por todas partes, quedito, se fué a asomar por la mosquitera, a ver sin duda el espectáculo de un perro y dos tios en pelotas que eso siempre le ha preparado para coger temperatura. Pero resulta que el perro no ladró ni nada, sino que le lanzó un ataque sin previo aviso. Menos mal que lo cogieron sino hace con “el viento del verano” un buñuelo. Así que se fué veloz, golpeando la cancela de hierro del porche y ¡qué cosas tiene el viento del verano! chirriando ruedas propulsadas por un motor que debía tener bastante más de 1.9 c.c.
Tranquilizamos al perro y luego encendimos Iván y yo sendos cigarros mientras prácticamente nos hablábamos por señas con tal de poder escuchar algún sonido dentro o fuera de la casa que nos diera idea de quién se podía haber pegado semejante talegazo. Porque lo primero que se nos ocurrió fue que el dueño de la casa hombre de costumbres madrugadoras y tal no supiera que la tienda estaba allí, hubiera flipado al verla, se hubiera descuidado al salir a comprar el Alcaz… esteee, el ABC, y cuando salieramos del cubículo ibamos a tener que averiguarnoslas con el padre con una chafarrina de 8 puntos en su noble frente y como que para esos menesteres ya estaba Diego, oiga.
Así que decidimos hacernos los dormiditos que era lo mejor, máxime si el hombre se hubiese tenido que ir, acelerador a fondo, a que le recosieran las meninges, cosa que a mí no me cuadraba pero bueno… Sin embargo, al ratillo la casa fué despertando poco a poco, desde mi posición no veía quien entraba o salía y solo por las conversaciones sabía lo que sucedía, llegó la tía Paca y su hermana salió a saludarla. Lo primero que le espetó fué algo así como “¿Qué hija, y el corral aquél -se refería a la casa de Melquiades- como está?” A lo que Isa, tras un suspiro muy hondo respondió, “Pues como va a estar… Igual que siempre”…
A diferencia de los ARZALAPATA de los Melquiades la Tia Paca era una mujer normal, de campo, al igual que sus hijos con quienes compartimos mesa, y su marido que en esa noche de domingo vendría a cenar y que es un hombre digno de conocer. Quizás sea porque yo me crié entre este tipo de personas desde muy pequeño y a falta de mi padre es una referencia que tengo junto a mis tios; pero es una especie de Paco Martínez Soria adaptado a los tiempos modernos. Yo me meaba con aquél hombre de no ser por ciertas circunstancias que se dieron durante la cena… ¡Qué hombre! Mezclando gallinas con BMW, perros, GPS, patatas y química; un auténtico puntazo. Todo aderezado con un gracejo y una simpatía que te hace reir por mal que te encuentres.
Y estaba claro también por los comentarios del buen hombre que no tenián nada de indirectos ni sutiles que aquella familia (¿?) sino estaba ya partida en dos o en tres era un auténtico silo de armas nucleares… solo faltaban las cabezas

Posteos relacionados:

  1. Mama Luna ´08
  2. Fantasmas en la Luna

Un comentario para “EL CAMALEÓN, EL GITANO Y LA LUNA.”

  1. avatar TWilly dice:

    tio tiot tio tio que falta para la siguiente parte?
    Me siento como me pasa con los capitulo americanados de Lost y sus subtñtulos, que no veo cuando llega el jueves para cogerlos y poder evitar los cotilleos de ‘Aonde andará el corasson corassoon’ con un nuevo capítulo que te deje peor que la semana anterior.
    Pues con esta historia pasa lo mismo: quiero saber el final, pero no tengo prisa por leerla, sino cómo se va desarrollando. Esto cada dia se pone mejor.

Deja un comentario

*

Additional comments powered by BackType